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Hijos de la precariedad

En España, un 38% de los trabajadores, teniendo título superior, no está empleado como profesional o técnico de alta exigencia formativa. El resultado es que se tiene más universitarios trabajando por debajo de su formación que la mayoría de los países europeos.
Las empresas de trabajo temporal exhiben sin pudor su oferta a los jóvenes: puestos de teleoperador, camarero, reponedor, cajero, dependiente, 'gancho' para que las discotecas se llenen de clientes, encuestador... Cualquiera vale, y la demanda no encoge.

Al fin y al cabo, el trabajo dignifica al hombre. Y le permite pagar las facturas, que entienden poco de estratos sociales y de salarios. La práctica se extiende en algunos sectores; a los recién licenciados y diplomados que dan sus primeros pasos en la jungla laboral,  se les ofrece un puesto si se matriculan en otra carrera universitaria. Para que sigan cobrando en calidad de becarios. Y el panorama laboral obliga a aceptar las condiciones.

El círculo es vicioso: no hay trabajo para quien carece de experiencia, pero la experiencia no se adquiere sin trabajo. Lo que se acaba aceptando es un empleo que ni de lejos se asemeja al soñado en los años de carrera universitaria. Y cuando el paso del tiempo lo llena todo de facturas, no queda más remedio que pasar por la empresa de trabajo temporal o el mostrador del Instituto Nacional de Empleo.

 

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